Vagabundo
Después de muchos números sumados en el calendario, los amigos se volvieron extraños de a ratos, las máquinas que botan ceros con que comprar sensaciones inertes se mostraban siempre al alza, los segundos, minutos y horas a diario parecían haberse devaluado y el trabajo como siempre, parecía excesivamente largo, amargo y necesitado de ser saciado en las noches con varios líquidos borrosamente destilados.
Sus vidas se encontraban enmarcadas en lo más inusitado que puede considerarse la existencia de un ser humano, así era, una existencia llena de vacíos, contratos con letra chiquita, diarios abandonados y corazones rojos, muchos corazones rojos que poco a poco fueron disipando las cuatro letras que en un orden determinado, contaron historias en trovas por sus antepasados, letras que hoy en día parecían ser innombrables entre los amartelados.
Enseñados a pensar a través de solo aquellos números del calendario, sus vidas se encontraban predestinadas desde el día número 1 de su nacimiento al 7, del 7 al 30 y del 30 al 12, número que resultaba ser más que largo.
Algunas veces, casi siempre, sus ojos pasaban muchas noches sin haber soñado. Las mañanas solo eran para el cereal y las noticias en los diarios, mientras que las tardes no existían desde que sus psiquiatras les recomendaron borrarlas tomando agua al revés siempre que un reloj mostrara las 18 en punto o las seis de la tarde.
Estaban completamente de-mentes y aunque este mundo ya lo había visto de siempre y lo había vivido algunas veces, unas más que otras, ahora como nunca; no esperaba a la noche para poder volver a aquel otro lugar al que siempre pertenecí, al que parecía normal ante mis ojos cerrados y aunque juré no pisar de nuevo esta tierra de desquiciados, una tarde muy cercana al olor de ésta que pasa, que sigue pasando, me enamoré. ¡Maldita sea que me enamoré de uno de ellos! de un bicho, de un raro y nada, fue así como estuve condenada a vagar de día con los pies en la tierra a pesar de que con las prisas no se notara que la tierra estaba boca abajo.
Recuerdos sin nombre
J.S.

